Situado en pleno corazón de las Rías Baixas, Marín cuenta con uno de los patrimonios arqueológicos más fascinantes de toda Galicia. En sus montes, bajo el verde intenso de los carballos y los eucaliptos, se esconde un legado milenario grabado en piedra, lleno de misteriosas figuras, laberintos, dólmenes y castros que nos permiten viajar miles de años atrás.
Más de una docena de estaciones rupestres, junto a mámoas, menhires y castros que conforman una de las mayores concentraciones de arte prehistórico del noroeste peninsular. Un recorrido por miles de años de historia que une lugares como Mogor, Chan de Castiñeiras o el Castro de A Subidá.
Pero, ¿cómo vivían las comunidades prehistóricas que habitaron estas tierras? ¿Qué significan aquellos círculos y espirales que dejaron grabados sobre las piedras?
La importancia del arte rupestre en Marín
Hace unos 4.000 – 5.000 años, las primeras comunidades agrícolas y ganaderas que habitaron el Morrazo, dejaron su huella en la piedra como una forma de comunicación, de rito o quizá de contemplación cósmica. Decenas de inscripciones, espirales, círculos concéntricos, laberintos o figuras zoomorfas que hoy siguen siendo motivo de fascinación.
Marín fue uno de los epicentros del megalitismo gallego, lo que se manifestó en la construcción de mámoas, menhires y dólmenes. Algunos de ellos de más de 4.500 años de antigüedad.
Además, la cultura castrexa, posterior en el tiempo (entre los siglos VIII a.C. y I d.C.), completó este legado con sus asentamientos fortificados. Con lo cual, podemos decir que la ocupación humana en Marín fue constante desde el Neolítico hasta la época romana. Un patrimonio que sigue vivo y del que hoy podemos disfrutar.
Imprescindibles del arte rupestre en Marín
Algunos de los lugares más emblemáticos que forman parte de este universo pétreo son:
1. Mámoas del Lago de Castiñeiras
Situadas en pleno Monte de Castiñeiras, dentro del parque natural que comparte Marín con Vilaboa, las mámoas conforman uno de los conjuntos megalíticos más importantes de Galicia. Datadas en torno al 3.000 a.C., estos túmulos funerarios servían como enterramientos colectivos.
La más famosa, la Mámoa do Rei, que sorprende por sus dimensiones y su similitud con el Dolmen de Axeitos en Ribeira. De hecho, su emplazamiento no es casual, sino que se sitúa en una zona elevada, desde donde se domina el entorno, por lo que se cree que, más allá del uso funerario, pudo tener una función ceremonial, quizás como punto de reunión o de culto ancestral.
A escasos metros encontramos el Menhir de Currás, una pieza monolítica de más de nueve toneladas y de una sola pieza, que cuenta con más de 4.500 años de antigüedad. Un menhir único en Galicia que podría haber servido como marcador territorial o como símbolo de fertilidad.
2. Petroglifos de Mogor y Centro de Interpretación Patrimonial
Si hay un lugar icónico dentro del arte rupestre marinense, ese es Mogor. Los petroglifos de esta zona son de los más estudiados y fotografiados de toda Galicia, y no es para menos.
El más célebre es la Rocha do Labirinto, con su hipnótico diseño de círculos y espirales que ha dado lugar a todo tipo de interpretaciones. Algunos investigadores creen que podría representar un mapa astronómico o un camino iniciático, mientras que otros lo relacionan con el ciclo de la vida.
En la misma zona se encuentra el Centro de Interpretación del Patrimonio Arqueológico de Mogor (CIP de Mogor), donde podrás saber más sobre los grabados, cómo fueron realizados y su contexto histórico.
3. Castro de A Subidá
Para cerrar nuestro recorrido histórico, no podemos olvidar el Castro de A Subidá, uno de los recintos fortificados mejor conservados del Morrazo. Este asentamiento castrexo romanizado ocupa unas 4 hectáreas y muestra un complejo sistema defensivo con doble muralla.
Data aproximadamente del siglo IV a. C., y en él se desarrolló una comunidad agrícola, ganadera y marinera que aprovechaba los recursos naturales del entorno. Aún podemos observar las bases circulares de las viviendas y restos de torres de vigilancia. Pero además, desde lo alto del castro, las vistas sobre la ría son espectaculares.
Las mejores rutas de arte rupestre por Marín
Una de las mejores formas de descubrir el arte rupestre en Marín es hacerlo a pie. Una experiencia fantástica para disfrutar del rico patrimonio gallego, pero también del contacto con la naturaleza.
Ruta 1: De Mogor a Castro de A Subidá
Duración aproximada: 2 horas y 30 minutos.
Distancia: 6 km (ida y vuelta).
Dificultad: media-baja.
Esta ruta es ideal para realizar por la mañana, y cuenta con zonas de sombra y bancos de descanso.
Comenzamos en el CIP de Mogor, donde recomendamos hacer primero la visita interpretativa (unos 30 minutos). Desde allí, tomaremos el sendero señalizado que va ascendiendo suavemente hacia el interior, pasando por un hermoso paisaje de pinares.
En menos de 20 minutos, llegaremos a la Pedra dos Campiños, otro panel rupestre con grabados de círculos concéntricos y motivos serpentiformes. Continuaremos caminando hasta alcanzar el Castro de A Subidá, donde podemos explorar el recinto y disfrutar de las vistas.
Ruta 2: Lago de Castiñeiras y Chan de Castiñeiras
Duración aproximada: 3 horas (circuito completo).
Distancia: 7 km.
Dificultad: media.
Salimos desde el aparcamiento del Lago de Castiñeiras, un espacio recreativo perfecto para pasar el día. Desde allí, en apenas 15 minutos a pie, accederemos a la Mámoa do Rei y al conjunto de túmulos que la rodean.
El recorrido continúa hacia el Menhir de Currás, atravesando una zona boscosa. En total, el circuito se completa en unas tres horas a ritmo tranquilo, con tiempo suficiente para ir parando en cada monumento. Además, si vas con niños, es una excursión muy recomendable. Los senderos son cómodos y hay merenderos cerca del lago.
Ruta 3: Ruta circular del patrimonio rupestre de Marín
Duración: una jornada completa (6-7 horas).
Distancia: 14 km aprox.
Dificultad: media.
Para los más aventureros, existe la posibilidad de enlazar las dos rutas anteriores y completar un recorrido circular que combina los principales enclaves de arte rupestre y castrexo de Marín.
El itinerario parte de Mogor, asciende hasta el Castro de A Subidá y luego continúa hacia Chan de Castiñeiras, pasando por zonas rurales y forestales. Es recomendable llevar agua y comida, calzado adecuado y, si es verano, protección solar.
Así pues, Marín ofrece la posibilidad de descubrir los grabados más misteriosos de la Edad del Bronce y los restos de la cultura castrexa que marcaron la identidad del noroeste peninsular. No importa que no sepamos el significado de cada símbolo, pero te aseguramos que podrás sentir la emoción de quienes, hace miles de años, plasmaron su visión del mundo sobre la roca. Y esa emoción, esa conexión silenciosa entre pasado y presente, es lo que hace que la visita sea verdaderamente inolvidable.
